Con la globalización y la visibilidad de las distintas
clases de orientaciones sexuales que existen en nuestra especie, han ido surgiendo
ideas que prevalecen sobre otras para clasificar, describir y argumentar sobre
los estilos de vida del homosexual. En la actualidad seguimos arrastrando los
ya arraigados tabúes que hablan sobre el afeminamiento general del hombre gay, se
usan y usamos los mismos peyorativos como joto, puto, mayate, marica para
discriminar, y marcamos pautas religiosas en lo sexual, para objetar sobre lo
que es moralmente incorrecto y lo que debe ser castigado y rechazado por la
sociedad.
Pero con
el tiempo, además de borrarse alguna que otra idea retrograda y dañina para la
comunidad LGBTTI, también han ido surgiendo muchas otras que se apegan al
pensamiento moderno. Hoy en día en muchos países el ser gay ya no es tan
castigado o visto como una rareza. México es un caso curioso pues aunque el
matrimonio igualitario se ha legalizado en la capital, se ha avanzado en leyes
contra la discriminación y comienzan a surgir nuevas demandas para asegurar
nuestros derechos humanos, no faltan personas o instituciones que educados bajo
la ideología machista, religiosa y política nacional que aún encasillan la
homosexualidad como un fenómeno antinatural. Si a ello le sumamos los tabúes
que han surgido en Occidente sobre el tema, en donde mucho ha tenido que ver la
televisión norteamericana, hoy tenemos una serie de ideas repetitivas y casi
siempre erróneas, sobre vida y estilo gay. Aquí vemos algunas y desmentimos el
mito, pues no todo es como te han dicho que es.
1.
NO TODO EN LA VIDA ES ORO. Es cierto que hay una constante en la vida de
homosexuales y lesbianas: al verse obligados en muchos países, a vivir una vida
en el anonimato, en la soltería y por ende, sin descendencia propia, se nos
presentan menos obligaciones. Al acceder a un empleo bien remunerado, las posibilidades
monetarias nos otorgan estabilidad económica. Pero la cosa también es que el estado
actual de crisis financiera por la que atraviesa el mundo, no deja muchas cosas
positivas. Aun siendo homosexuales y viviendo en pareja o bien solos, el dinero
no siempre alcanzará para darse los lujos que las series de televisión pintan
en personajes gay, con un penthouse en la zona residencial más elegante de la
ciudad, vacaciones tres veces al año en un país exótico, cruceros, cócteles o
una vida de excesos. Claro que siempre existirán los afortunados, gente bien acomodada o gente que lucha por alcanzar este tipo de vida, pero señores, no
todos los homosexuales serán millonarios ni tampoco vivirán bajo el único deseo
de despilfarrar dinero. En la comunidad existe de todo, y aunque es cierto que
se nos pinta más fácil que a una pareja heterosexual con obligaciones, tampoco
traemos todo el tiempo una tarjeta de crédito en el bolsillo.
2.
SER GAY NO ES SINÓNIMO DE SER PROMISCUO. Y aunque así lo pareciera, no todo homosexual siente la
imperiosa necesidad de tener sexo a diario. La televisión y los tabúes
religiosos han fundado esta idea, que poco tiene que ver con el hecho de una
orientación sexual. La promiscuidad se da en heterosexuales y gays por igual,
sólo que quizá, al existir menos restricciones físicas en el sexo hombre a
hombre, surge la idea de que es fácil salir a la calle y encontrar una pareja exprés. Vivir al límite es sobre todo una elección que puede estar cimentada
en valores. Aunque el sexo es una necesidad física y psicológica, cada persona
es consciente de cuándo y dónde, según distintos factores alrededor de su vida.
La carne llama, pero también el pensamiento.
3.
EL AMOR GAY SÍ EXISTE y
es mentira si te han dicho que es imposible. Cuando se dice que todo homosexual
trae la infidelidad en los genes, se crea una idea falsa sobre los sentimientos
individuales; peor es si tú, como gay, lo crees. Nuestra vida no es distinta a
la de un heterosexual dentro del factor enamoramiento y las relaciones
personales: jugamos los mismos roles y experimentamos por igual. Pero la vida
no es color de rosa y muchas veces es difícil atinarle a la primera, Cupido nos
hace conocer a personas equivocadas como al amor de nuestras vidas, y no
depende de si existe o no el amor entre parejas del mismo sexo. Si pensamos que
es difícil ser fieles o nos molesta el tener una sola pareja sexual, no es
porque esté en tu naturaleza, sino en tu moral personal, por más burdo que se
lea.
4.
CON PLUMA O SIN PLUMA, SEGÚN ELIJAS. Y aunque nos siga resultando extraño y a veces divertido
ver que a ese chico musculado y bello en pecho se le cae la mano y te habla de mijis, ay sí tú, manis y yo soy muy mujerts, debemos de aprender
a no marcar a la gente con prejuicios machistas. El ambiente gay está compuesto
por chicos amanerados y por chicos no amanerados, pero nunca por “varoniles” y “no
varoniles”, pues el hecho de que tengas rasgos delicados, una voz fina o seas
todo un oso, no es razón para ser más o menos hombre. Mientras tengas dos
testículos bajo el pantalón, tú género te viene dado. A la sociedad le
cuesta mucho entender estos hechos y suele construir un rol incorrecto sobre el
ser gay, por eso es sorprendente cuando descubrimos que tal compañero afeminado
es padre de dos hijos, esposo de una mujer guapísima…, un heterosexual hasta la
médula; pero claro, si nos hemos dejado llevar por el tabú de la pluma, estamos
atrapados en nuestra propia vulnerabilidad como gays: nos discriminamos a nosotros
mismos porque nos atacamos con argumentos machistas.
5.
HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE. Como si tuviésemos cuerpos genéticamente modificados para
no envejecer jamás, o como si nuestros hígados pudiesen drenar litros y litros
de alcohol por noche. Muchos hemos vivido etapas largas de juerga, visitado
cada antro de ambiente en la ciudad y concurrido a las fiestas de media
sociedad gay. Pero la regla no es general y cuando así lo es, llega un momento
en que se torna cansada y rutinaria. Cada fin de semana ir al antro, de allí a
la orgía y regresar a las ocho de la mañana a casa para dormir hasta las seis
de la tarde, es algo que no se puede sostener durante mucho tiempo. El cuerpo y
el bolsillo lo resienten, y como ya he dicho en un punto anterior, no se trata
de llevar la juerga en el instinto, sino en preferencias superficiales. Como
muchas parejas o amistades heteros, a los gays también se nos dan los fines de
semana en el cine, en el café o con un tazón de palomitas en la sala, viendo
una película. Eso de vivir la vida loca, sólo cuando nos ponemos la peluca…

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