No
sé por qué cuando un homosexual desea hablar sobre lo que es ser maduro o
joven, suele desatarse una batalla de opiniones muy ríspidas. Hay quienes se
sienten atacados al ser considerados maduros, y otros que cabalmente defienden
la idea de que la madurez está ligada a varios conceptos culturales y físicos.
En este sentido, creo que esa atracción-rechazo entre gente madura y joven del
mundo homosexual está muy contaminada por conceptos que hemos construido a base
de prejuicios sobre la edad, la mayoría superficiales.
Para
empezar, deseo aclarar que personalmente no tengo ningún problema contra los
hombres maduros. Si escribo este artículo es porque durante varios años he
deseado conocer la opinión de otros hombres acerca de este tema, aunque por lo
general al escucharlos he terminado decepcionándome por la forma en que suelen
menospreciar a la gente, o por la poca tolerancia que demuestran al escuchar
conclusiones. Si quieren saber, tengo 25 años y creo que me falta mucho por
madurar emocionalmente, hay cosas que aún no he vivido y otras en las que he
cerrado ciclos, por lo que entiendo que aún estoy en un proceso de crecimiento
psicológico. Tarde o temprano, en base a las experiencias de mi vida y de los
resultados, podré considerarme una persona madura. Pero vaya, tampoco me
considero un chavito, viví plenamente mi adolescencia y las etapas posteriores
y siempre he sido consciente de que la juventud se acaba, aun cuando la lleves
en el alma, como dicen muchos. De momento, no me atrevo a decir que soy chavo
ni tampoco maduro, estoy en medio y no sé cómo podría llamarlo.
Pero
sigo sin entender la razón de ese coraje sembrado entre gays. Por ejemplo,
cuando le preguntó a un chico de 16 años, a qué edad considera que un hombre es
maduro, suelen responderme que a los 30, y lo dicen con algo de repulsión,
encasillando al maduro como alguien acabado, necesitado de afecto emocional y
sexual o como una persona solitaria. Cuando hago esta misma pregunta a alguien
de 18 años, su concepto comienza a cambiar un poco, consideran que la madurez
sucede a partir de los 35 o 40 años, e incluso hay quienes creen que a los 50,
esto en mayor medida porque sus padres tienen esta edad y son la persona que
para ellos representa la imagen de la madurez. Luego, están los veinteañeros, y
es aquí en donde encuentro opiniones más variadas, aunque poco abiertas. Muchos
dicen que la madurez viene a las 40, que el atractivo sexual y la belleza y
fortaleza física empiezan a decrecer y que por tanto el hombre se devalúa
cuando llega a los 40. Otros tantos opinan que el maduro, con 40 y más, es un espécimen
muy codiciado, porque tiene experiencia sexual y son buenos amantes. Aunque no
son muchos jóvenes los que piensan así, quienes lo hacen tienen en gran valía
al hombre maduro. Y luego vienen los de 30, quienes ya han experimentado varias
etapas vitales y comienzan a tener más claro lo que significa alcanzar la
madurez. Nunca faltan los que quieren aferrarse a la juventud y siguen comportándose
como de 18, pero también están los que saben darle a su edad el valor que
merece, agradecidos por lo que han vivido, positivo y negativo, para aplicar
las enseñanzas a lo que viven ahora.
Cuando
los 40 están cada vez más cerca, el hombre comienza a ver la vida de forma
diferente. Sabe que su cuerpo ha cambiado, que quizá los intereses que antes
tenía o la forma de ver la homosexualidad ya no son los mismos. Muchos aprenden
que hay mucho por delante y que se debe aprender a aceptarlo, que no pueden
estancarse y que el hecho de pasar a la siguiente etapa, con madurez, no los
obliga a estigmatizar los hábitos de los jovencitos y mucho menos a privarse de
esas diversiones.
El
hombre con más de 40 sabe que ya es maduro. Hay quienes lo aceptan, porque
saben que conforme sigan cumpliendo años, esa madurez será cada vez más obvia
en lo físico, por lo tanto se cuidan, buscan compañía de su edad, tener una
vida más tranquila o buscan otras formas de diversión. A ellos no les importa
si un jovencito cree que ser maduro es un insulto, ni siquiera discute, sabe
que no vale la pena. A final de cuentas, todos vamos para allá.
Luego
vienen los grandiosos 50, la mitad de siglo, y entonces esa batalla entre
jóvenes y maduros se hace intensa. Los jovencitos suelen despreciar mucho a los
homosexuales maduros que aparentan su edad físicamente, si te ven viejo dicen
que ya no se te para, que ya no das el 20 y que estás a unos pasos de la fosa.
¡Qué estupidez! Vamos, no tienen que gustarte todos los hombres, pero en
definitiva argumentar que el hombre maduro o de tercera edad son desechables,
me parece insultante. No faltan los que dicen que deberían prohibir que gente
de más de 40 entre a los antros o que hagan cruising y que deberían aceptar que
su momento acabó y ahora deben recluirse. Llegará un día, cuando tengan esa
edad, y vivirán peores insultos de gente joven, porque nos hemos estado
educando de esta forma, así que no nos sorprenda que de pronto te mires al
espejo y descubras que la juventud ya se te fue y para el ambiente gay ya no
vales nada. Qué triste, pero muchas veces es lo que sucede.
Conclusión.
No sé si exista una conclusión justa. Creo que el debate entre lo que es ser
maduro se parte en dos al definir que la madurez se da en dos formas: la
física, que es aquella que vemos en nuestro cuerpo, que tiende a oxidarse y a
disminuir su actividad a medida que envejecemos, y la emocional, que es muy
subjetiva y en serio se lleva muy en el alma. Hay chavitos que resultan muy
maduros para su edad, y cuarentones que actúan como quinceañeros. No debemos
discriminar a la gente por su edad, independientemente de si es obvia o no se
percibe. Cada quien tendrá sus ideas, pero estoy seguro que cuando rebases los
40, ya no habrá marcha atrás y habrás de preguntarte cuánta madurez has adquirido a lo
largo de tu vida, y cuánta más te falta por adquirir.

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