Todo comenzó como siempre,
inocentemente. Me encontraba fumando un cigarrillo mientras
me vestía para irme a trabajar, cuando suena mi celular por un mensaje que me
envío un conocido al cual acababa de cortar su novio. No pude evitar
sorprenderme, puesto que ellos cumplían con las expectativas y sexpectativas
que se tienen de las relaciones: compartían gastos y tenían la confianza
necesaria para salir por separado los fines de semana, no tenían
problemas económicos, y el sexo, según mi amigo, era de maravilla. No pude
contener más mi curiosidad y decidí llamarle, la tranquilidad con la que mi
amigo me hablaba de tal hecho me impactaba, la pelea comenzó un día
por la tarde y termino con un «YA NO TE AMO.»
¿Habrían llegado a la
crisis de los 40 antes de tiempo?
Al que más parecía dolerle la
ruptura era a mí, puesto que eran mi modelo a seguir en las relaciones, una
pareja ejemplar desde mi punto de vista.
¿Será que en la actualidad las
relaciones amorosas solo son un descanso de la soltería?
La intriga siguió y yo no podía simplemente seguir
ese ejemplo que mi pareja ideal me había dado.
¿Será que el amor tiene fecha de caducidad? Y de ser así: ¿Durante
cuánto tiempo será consumible?
Al llegar a mí trabajo me encontré con mi compañero Carlock, entablamos
una conversación con el tema en pugna.
—La persona ideal solo existe en tu cabeza güey —me dijo sin una pizca
de compasión.
»Cuando comienzas a vivir con esa persona,
que según tú es la persona ideal, descubres que no te gustan sus
costumbres, que es un total desmadre, que no se organiza en sus gastos o que no
se peina, y entonces deja de ser tu persona ideal.
Él estaba completamente seguro
de lo que hablaba y ésta era una de las principales razones por las que no estaba dispuesto a casarse.
—Por estas situaciones se inventó el divorcio, para dejar de lidiar con
estas situaciones de una manera sana y rápida —me dijo con
una sonrisa en sus labios.
»Desde que se inventó en divorcio dejo de
existir el “para siempre".
Después de salir corriendo de aquella conversación con mi compañero de
trabajo, mi cerebro procesó la impactante noticia de mi amigo y su ruptura y
logré ver más allá.
En realidad no sabemos cómo son las relaciones que ante nuestros ojos
parecen “perfectas”. No sabemos honestamente qué pasa con la pareja cuando
cierran las puertas de su recamara, (ok, a veces sí).
Pasados unos días, mi amigo y yo fuimos a comer. Así me enteré de todos
los detalles. Resulta que mi amigo viajaba demasiado, su novio comenzó a sentirse
solo, a salir con amigos y a probar esa soltería de la que se había
privado durante 12 años de relación. Llega mi amigo de uno de sus tantos viajes,
discuten por cosas banales, y es así como llega el doloroso (aunque
al parecer no tanto) «YA NO TE AMO».
Y de esta forma, en una mordida y unas 2 o 3 masticadas a mi taco
de harina, esa pareja, que durante su tiempo idolatré y deseé ser como
ella en un futuro, desapareció y dejó de ser “perfecta” para mí. Y cómo
no, ninguno de nosotros quisiera estar un mes o más separado de su
pareja, si se supone que estamos en una “relación”.
Salí de aquel lugar pensando en qué me depararía el destino, en si
algún día saldría de la soltería y planteándome, fijamente, como deseaba que
fuera mi futura relación. Hasta que en medio de la plaza Aránzazu me detuve y me di cuenta que me estaba
preocupando por cosas que aún no sabría si llegarían o no, y que estaba
desperdiciando mí presente, mí soltería.
¿Para qué sufrir si según el panorama nos deparan muchos días
de sexo…?
Omar Martínez
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