Una tarde, a unas horas de terminar mi jornada de
trabajo, bajé al lobby para encender un cigarrillo y disfrutar de la
sensacional relajación que te brinda esta adicción tan destructiva, hasta que
el timbre de mi celular me dijo que tenía un nuevo mensaje en la bandeja de
entrada. Me sorprendí demasiado al descubrir que mi antiguo sexfriend se había
tomado el tiempo de escribirme un mensaje, pues por lo general era yo el que lo
buscaba cada vez que necesitaba su compañía.
En el mensaje me pedía un favor: ese día había un
evento especial en la cineteca y quería que lo dejara entrar sin tener que
hacer fila, pero no sólo a él sino también a su “amigo”. Era evidente que “clase”
de amigo: esos que después se convierten en novios. Mi ego de sexfriend
desapareció, no sentí celos, enojo o furia, así que accedí. Aunque a partir de entonces
si necesitaba ayuda tendría que arreglármelas yo solo.
¿Cómo se supone que debemos reaccionar ante el
hecho de que tu sexfriend tiene una relación antes que tú? Si nuestro sexfriend
tiene una relación y nosotros no, ¿será que estamos haciendo algo mal?
Mi
amigo entró con éxito al cine. El problema fue cuando me comenzó a insistir que
acudiera a saludarlo. Así fue, me dirigí a sus asientos y al estar frente a él
sentí la necesidad de salir corriendo del lugar. Resulta que su amigo no era su
“amigo” sino su novio, oficialmente, y ese novio era una de mis aventura de una
noche, o tal vez dos, o tres… de la semana ante pasada.
“Deberías
proyectar la película de Prayers for Bobby, me gusta mucho,
aunque me haga llorar.” Dijo mi aventura ante el momento incómodo que estábamos
pasando. “¿Y qué has hecho?”
No
fue necesaria una presentación, era evidente que los tres nos conocíamos. ¡Vaya
que nos conocíamos!
“Poco
aquí, poco allá, mucho por todos lados”, sonreí sin dejar de mirar la pantalla,
deseando que comenzara la función y desaparecer con las luces que se apagan al
iniciar la proyección. Y así fue.
Al
llegar a mi casa descubrí que tenía algunos mensajes de mí “aventura de tres
noches” pidiéndome que por favor no le contara
nada a su novio, ya que lo nuestro fue antes de que ellos comenzaran a ser pareja
“bien”. Lo cual me causo un poco de placer, puesto que en realidad mi sexfriend
no había ganado la batalla al tener una relación formal, pues su novio le era
infiel.
No
pude evitar preguntarme si en realidad existe esa guerra interna con los sexfriends
o es una inmadurez de nuestra parte.
Omar Martínez

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