¡Esos gays tan egoístas!


Al día siguiente del debate, un joven universitario abordó un vagón del Metro. Digo que debió ser universitario puesto que subió de la estación Copilco, que se encuentra en las orillas de la Ciudad Universitaria de la UNAM, rapado, con gafas de pasta. Empezó a hablar fuerte, se dirigía a nosotros, los pasajeros.
Su discurso duró lo que unas tres estaciones. De Copilco a Coyoacán. En pocas palabras, nos dijo sobre lo maniatado del debate presidencial, del apoyo que Peña Nieto recibe de la televisión abierta mexicana, de que no debemos dejarnos manipular y que para que la izquierda y el progresismo sea una realidad en México, habría que votar por Andrés Manuel López Obrador.
No puedo negar que me conmovió su espíritu revolucionario, muy de los 20. Pero no pude contenerme, le dije: “Si Andrés Manuel se dice progresista, ¿por qué no asume una posición no evasiva con dos temas fundamentales en el progresismo contemporáneo: derechos homosexuales y aborto? ¿Hará propuestas para que el matrimonio gay se expanda al resto de la República? ¿Tipificará los crímenes de odio por homofobia? ¿Presentará leyes que apoyen a la población transgénero como las que existen en el DF?”. Todos me miraron. Yo no soy activista. Exhibicionista acaso.
“El problema con los gays es que sólo piensan en ustedes mismos. Son unos egoístas y no piensan en el pueblo y en los pobres”, movió la cabeza de un lado a otro y abandonó el vagón. También quería vendernos un discocompacto pero creo que mis palabras lo hicieron enojar. Pero puede que sí sea un pobre egoísta, no lo niego.
En el debate del pasado domingo, una de las ausencias por parte de todos los candidatos fueron los temas que le han dado fama a la Ciudad de México de progresista: derechos ganados para la comunidad LGBTTTi y aborto. De Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota y su moral de telenovela no me sorprende. Y no voy a desperdiciar letras en Gabriel Quadri. Punto. Pero la actitud de López Obrador sí llega a irritarme. Más cuando se le ocurre responder que ante esos temas y para no equivocarse, lo pondría a votación. Someternos al escrutinio de los bugas para que ellos decidan a qué tenemos derecho y a qué no. Primero los pobres, después los adultos mayores, después las mujeres, niños, discapacitados, madres solteras y en algún punto, si los bugas lo aprueban democráticamente, llegará el turno de los gays, las lesbianas, los transgénero, transexual, etcétera.
Como si no hubiera gays pobres, con necesidades específicas.
Los sacrificios de la izquierda que busca nuestra igualdad. “El verdadero cambio está en tus manos”, dice López Obrador, manos bugas, desde luego.

Publicado originalmente en:
de Wenceslao Bruciaga

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