Biológicamente se llama pene,
vulgarmente lo llamamos verga, pito, chile, mazorca, chorizo, el santo, el
muertito, pajarito, pilín, el palo, tilín, polla, falo… Y creo que la gran
mayoría de los gays hemos visto más que nuestro propio pene. El miembro
masculino es fuente de inspiración, deseo, soberbia masculina, morbo. Los hay
promedios, los hay pequeños y los hay grandes y gigantescos. Los hay rosas,
morenos, negros o blancos. Están los tímidos y también los exhibicionistas. Circuncidados
o con pellejo, curvados o rectilíneos, algunos son feos y otros hermosos. A
mujeres y hombres gays el pene nos enamora, aunque al principio nos produce
algo de dudas y hasta miedos. Nunca falta la pregunta del millón: ¿el tamaño
importa?, y la consecuente del pene como proveedor de placer: ¿me va a doler
tener uno adentro?
Del pene ya casi se ha dicho todo,
es un tópico que se ha desgastado y que por la desmesurada sexualización de los
medios, se ha construido como un arma de dos filos: el pene es la imagen de la
virilidad, pero también el principal constructor del machismo.
¿Por qué le damos tanta importancia
a esta parte del cuerpo? No han faltado los filósofos que han considerado que
tener un pene es tenerlo todo, pero con su ausencia entonces no se tiene nada.
¿Realmente merecerá tanta importancia ese trozo de carne? ¿Qué hay detrás de la
fijación de un musculo eréctil y un par de testículos? Seguramente, lo que más
nos atrae de este instrumento, es un cliché: su poder. ¿De qué poder hablo?
Desde el punto de vista moderno, un pene hermoso es aquel pene bien dotado, que
supere los 17 centímetros, un pene de hombre blanco, con poco vello púbico, o
un pene de hombre negro, henchido como el pene de un buey, con las venas
definidas y un glande bien lubricado y de buena forma. Lo vislumbramos como el
pene de una estatua de mármol, sin imperfecciones, sin variaciones en su
estética: todo pene poderoso, es el retrato de un hombre capaz, un hombre deseable.
¿Y entonces a eso se reduce la
belleza del pene? Me pregunto ¿qué hay de los promedio en un país donde la
mayoría de los hombres tienen miembros que erectos no superan los 16cm? ¿Entonces
los discriminamos? Seguro que no. Y no es porque peor es nada, o porque es lo
que tenemos. Si abrimos la mentalidad, un pene de 15 centímetros puede competir
contra uno superior en tamaño. Además, el miembro no sólo debe ser estético y
atractivo por su tamaño, sino por los más mínimos detalles. Centrémonos en
otras cosas, como su forma, su coloración, el detalle de los testículos, la
forma en que cuelgan en su bolsa de carne, la textura del escroto, el tamaño de
las bolas. Otro aliciente es su aroma, su sabor. Cuánto semen arroje puede
incluso darle mayor crédito, pero si a cantidades nos vamos, vale más el empeño
que su poseedor demuestre, cuánta iniciativa, cuánta intensidad. El hombre es
dueño de un cuerpo entero, el pene no es quien define el origen del placer.
Cuando un hombre pone de su parte para que el sexo sea memorable, basta con
saber cómo moverse, cómo enamorar a la pareja o cómo producir en ella altos
niveles de erotismo y satisfacción. El tamaño del pene es lo de menos.
No sean prejuiciosos con el pene.
Hay millones. No esperes que todos se ajusten a la imagen de perfección que la
tele o el cine porno nos han impuesto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario