La Marqueza de Azpaculoli: ¡ME ENAMORÉ DE UNA PASIVA!


¡Mis princesas! Estoy de regreso, cocodrilas, ya sé que me extrañaron, pero ya ven, una que es de mundo, ¡del bajo mundo! ¡Cuazzz! Pues ya saben, me cotizo el cabus y la pluma, pero nunca faltan los que me llegan al precio, como los de este blog. ¡Ay ya sé, la última vez que escribí por aquí este tugurio tenía otro nombre!, pero me aseguran que San Queer sigue siendo lo mismo que Jotitos San Luis Potosí. Y bueno, ya, shu shu, princesas, no vengo a presumirles de mis dotes de puta, que esos ya los tienen bien aprendidos y siempre andan que me quieren igualar, cuando saben que Marqueza de Azpaculoli sólo hay una y ¡esa soy sho!

Chiquillas del averno, hijas del riquicuquis… ¿De qué desgracia mía les vengo a hablar en esta ocasión? ¡Pues léanse el título del artículo, lelas! Sí, muchachas… Me enamoré de una pasiva, pero bien pasiva, y yo que ya me hacía insartada en ese palito. ¡Ay no, ay no! Y es que no me lo nieguen, ¿a poco no se siente bien gacho andar derramando babas por un adonis y que éste te salga más torcida que los chetos? Aún me limpio las lágrimas del glande, bebés, sólo recordar mi sorpresa al conocer las bajas pasiones de mi David, mi Apolo de mármol, mi chico del… Greko Latinos. Ay cocodrilas, aún me cuesta asimilarlo, porque lo peor, ¡ya es mi marida!

Pues sí bebés, ustedes mis besties han de estar que se zurran de la risa con mi desgracia. Porque muchas de ustedes son unas ignorantes con la cabeza llenas de tabúes. Pues quién diría que la Azpaculoli, reina pasiva del Tangamanga, iba a encontrar el amor con otra pasiva. Y seguro se preguntarán si esto es posible, pero ya ven, a veces la vida nos da unas sorpresas, unos espantos que no saben tan ricos como cuando te meten el bubulubu. Pero muchachas, en serio, hace meses aprendí que los roles no definen la construcción de la pareja. Nos andamos haciendo guajes, diciendo que activo + pasivo = buen sexo, o que pasivo + pasivo = harto chisme, rímel y shu shu… ¿Y qué hay de las parejas de activos? ¿En qué colita entierran el macanón? Pues mijas, nuestras ideas y nuestras dudas son harto tabú, prejuicios que poseemos porque la sociedad nos ha impuesto idealizaciones previas sobre homosexualidad y sexo. Pero miren que no es cierto eso de que una pareja tiene que estar compuesta por un palo y un hoyo, ¡caray! De esas cositas tenemos todos, la cosa es cómo las usamos. ¡Húndanme sus lenguas en la panocha si les miento!

“Pero su santidad, Marqueza Azpaculoli, hace un tiempo conocí a un activo y me enamoré de él, pero es que a mí sólo me gusta dar de espadazos, para nada que me piquen la colita y pues no se pudo.” Ay chiquito, qué triste tu caso. ¿Por qué no se pudo? ¿Por qué te enfocaste en querer vivir una relación convencional? El sexo no es de mete y saca, aunque hay que rico… Pero bebé, ¿ya te habían dicho que tu cuerpo es todo un musculo? Que te lo digan las Musculocas si no. Quiero ser yo la que tenga que enseñarte que tu vergucho no siente placer únicamente al ser introducido en el culochi. ¡No bebé! El cuerpo te da para disfrutar de muchas cosas, y seguro que si te das oportunidad de experimentar con alguien de tu mismo rol, te vas a divertir a lo grande. Al principio, te dará miedo, dudarás, te confundirás, mi reina. Pero por favor, no pienses que lo único que pueden hacer dos pasivos para sentir placer es chocar las colas, ¡ay pero qué vulgars!

Está canijo, muchachas, abrir la mente primero que las piernas. No sé quién dijo que los roles sexuales definen la forma en que se relacionan los hombres gays. ¡Ternuritas, esto no tiene porqué ser una regla que todos debamos aplicar! Una de mis tristes amigas lloraba en mi hombro porque siempre se enamoraba de pasivas. ¿No sería qué más bien se enamoraba de la persona en sí, de su personalidad y de los intereses afines? Yo creo que es más esto, que cuestión de roles de canela con pasas. Chiquitas, siempre es bueno preguntarle al galán a qué le tiran, pero tampoco se me desinflen cuando el amor platónico tenga su mismo rol.


No basta con ser convencionales en el sexo. La mojigatería déjensela a las chicas con panocha, ellas no tienen de otra, o les meten el dedo o les meten el pitón. A nosotras, en cambio, nos han dado la oportunidad de hacer y rehacer el sexo a nuestra gana. Podemos redefinirlo, maquillarlo, aplicarle imaginación. Cómprense un dildo o un ano de latex, ¡hombre!, no sean patéticas y aprendan a gozar. Que si a los dos les gusta el culo, pues túrnense un ratito, ¡no pasa nada si tu activo te da mordiditas en tu culo activo! Ni tampoco hay purrún si eres pasivo y tu ligue también pasivo te pide que remojes tu pirinola en su culistar… Si no se te para nomás, con un dildo basta. Porque yo digo, y en serio lo creo, que el sexo puede ser muy bueno si le piensas y le pones empeño, y que si no funciona, no es porque sus roles hayan sido incompatibles, lo incompatible fue su mentalidad y su desinterés por hacer de la relación algo estable de donde pudieran obtener placer y amors… El amors, chiquibabies, no tiene un rol. Si te enamoraste de una activa porque traías el gaydar desnivelado como tus nalgas, te lo digo a ti que me lees, no seas orate, ¡inténtalo! Sólo inténtalo…


Suya, la Marqueza de Azpaculoli, draga erudita del Valle del Tangamanga

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