HETEROSEXUALES CURIOSOS



Cuando salimos del armario, directos al destape, ya que hemos reflexionado y comprendido nuestra orientación sexual como hombres homosexuales, lo único que tenemos por delante es vivir la vida según entendamos el concepto de libertad. Estamos los conscientes de lo que es “ser gay”: la atracción física y psicológica hacia uno del mismo género. Sabemos incluso nuestro rol sexual, o lo vamos descubriendo a medida que adquirimos experiencia en el sexo: activos, pasivos o versátiles, y por qué no, están los que no tocan, pero se dejan tocar, o los que no se dejan tocar, pero les encanta hacer.

Por otro lado, están aquellos chicos gays que aun cuando ya están fuera del armario tardan un tiempo en conocerse a sí mismos y aprender a vivir con un estilo de vida no heterosexual. A algunos les cuesta trabajo aceptar su orientación con gente que no sea de su confianza, o en público. Son chicos, como cualquier otro, que viven un proceso de autoconocimiento más lento, sin demasiada prisa por asimilar la cultura sexual LGBT o ser parte del ambiente, por convicción.

Pero también están aquellos hombres heterosexuales, que en ciertos momentos de la vida, se encuentran con el misterio de la naturaleza de la orientación sexual. En algún momento, ciertas cuestiones, experiencias o carencias en la vida amorosa con otra mujer, los llevan a revalorizar los conceptos de deseo y preferencia sexual. ¿Está mal que un hombre heterosexual llegue a sentir un mínimo deseo por experimentar con otro de su género? Cuando entre gays nos hacemos esta pregunta, la gran mayoría solemos contestar que aquello es sólo el reflejo de una negación prevalente hacia la orientación. Va de la mano con el mismo estigma con que se ve a los bisexuales, al definirlos como gente que no puede o no quiere aceptar su condición homosexual o lésbica.

Aun cuando la psicología sexual ha aceptado la existencia de hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH) para referirse a aquellos varones que viven una vida heterosexual y mantienen relaciones afectivas y sexuales con mujeres, pero que por gusto, placer y necesidad, también son abiertos para satisfacer el deseo sexual con alguien de su mismo sexo, todavía hay mucha gente que ve esto como una justificación sinsentido, una conducta negatoria que no encaja en ningún concepto de “orientación sexual”.

Esta teoría suele ser rechazada entre muchos homosexuales, de nuevo, con el argumento de que estos hombres son simplemente gays con miedo u homofobia. Pero entiéndase, que un hombre que tiene sexo con otros hombres, no es homofóbico: es ilógico al entender que esta fobia se basa en la repulsión y el pánico provocado por la existencia de los homosexuales. El HSH en cambio, los busca, para sostener sin compromiso, de forma casual, un instante de desfogue.

En diversos ámbitos de la sociedad, se ha demostrado que la orientación puede ser moldeada en ciertos momentos de la vida, sobre todo en la adolescencia, cuando comienzan a surgir todas esas dudas en torno a la vida sexual, a los placeres permitidos, prohibidos, aceptados y rechazados. Por eso, tanto hombres como mujeres heterosexuales, pueden sentir la “pulsión” por experimentar con otro de su mismo sexo.

¿Es esto una conducta reprimida o algo que se desarrolla según las experiencias internas y externas que giran en nuestra vida cotidiana?

Ahí está el claro ejemplo de las relaciones sexuales carcelarias. Se sabe, que en las prisiones, existen hombres que sostienen sexo con otros hombres para satisfacer una necesidad física, dejando de lado que psicológicamente se saben y se dicen heterosexuales. Lo mismo ocurre entre hombres del ejército. O en comunidades religiosas extremistas donde privan de vida sexual a las mujeres, por considerar el acto como inmoral e inaudito, si no tiene fines reproductivos.

Es válido hablar de las pulsiones no sólo como una conducta reprimida. Los heterosexuales que en algún momento llegan a sentir curiosidad por experimentar con otros varones, no son forzosamente  homosexuales. Hay quienes luego de experimentarlo, no vuelven a relacionarse de esa forma con ningún hombre. Su curiosidad ha quedado satisfecha y quizá ha servido para dar por realizada una simple fantasía. Puede que para ello, primero el heterosexual desee desinhibirse un poco bebiendo alcohol o viendo pornografía. Pero que no se confunda, esto no significa que puedas alcoholizar o drogar a un hombre para convertirlo en gay. Y de hecho, es muy probable que el heterosexual curioso no necesite de un estimulante, porque ya tiene la fantasía ahí, guardada en su interior y quiere saciarla. En contraste, el homosexual reprimido y el homosexual homofóbico hacen uso de la vejación y la humillación contra otros homosexuales, para tapar sus impulsos, y que solo con estimulantes como el alcohol, o en su peor caso, mediante la violencia, puede cumplir la pulsión sexual al tener sexo forzando a otro hombre.

La fantasía sexual, es parte de las llamadas “pulsiones”. También existimos los homosexuales que en algún momento podemos llegar a fantasear con tener relaciones con una mujer, la idea puede excitarnos y originar en lo posterior la consumación de dicha fantasía.


Pero también, heterosexuales y homosexuales curiosos, podemos conformarnos con solo imaginarlo, y no vivirlo. ¿Qué tiene eso de malo y por qué estamos enajenados con la idea de que eso te convierte ya en un hombre gay o bisexual? La naturaleza aún esconde grandes misterios. Deberíamos permitirnos vivirlos, en lugar de encadenarlos con prejuicios e ideas absurdas sobre el blanco y el negro. Pues siempre existirá el gris.

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