¿Está o no está muerto el cruising en la Alameda Juan Sarabia? La pregunta del millón. Mi respuesta, para no mantenerlos en vilo, es ésta: el cruising o la putivuelta que caracterizaba a la Alameda, agoniza lentamente. Pero, que no cunda el pánico, amantes de las aventuras del sexo casual. Dicen por ahí, que aún es una zona de encuentros. ¿Será?
La Alameda era muy conocida entre los hombres que buscan sexo
clandestino. Por allá de los años 90 y primeros años de 2000 a 2006, era muy
común escuchar, por debajo del agua, sobre las cosas que sucedían en esos
jardines, ubicados frente a la Av. Constitución, o a un costado de Av.
Universidad. Siempre ha sido una zona conocida por insegura, descuidada hasta
cierto punto, cercana a colonias populares, y llena de toda clase de
curiosidades. En sus mejores tiempos, desde las 6:00 de la tarde podías ver a
los sexoservidores dándose un paseo a lo largo y ancho de la Alameda, echando
desmadre con amigos y conocidos, echando pisto, mota o chemo acá en lo
oscurito, entre chacales, fresitas curiosos, heteros ganosos de un orificio, ya
fuera de mujer o de hombre, de ancianitos a los que no se les apaciguaba la
pasión, o de chicos afeminados que iban y venían, contoneándose, luciendo
cabelleras decoloradas, pantalones apretaditos y un caminar de culito apretado-piernita
coqueta. Mucho chacal, pandillero, y narcomenudista. Mucho ambiente gay. Entre
los jardines, solían juntarse grupitos que incluían desde vestidas, trans,
hasta jotitos y sus defensores chacales. Pura raza potosina. Hablo con
sinceridad, siempre fue un sitio de mediana seguridad. Ni pasaban cosas muy
heavy, ni tampoco era el sitio adecuado para los niños bien. La jotiza, como lo
llamaría en términos amigables, le caía a la Alameda cuando ya no les aburría
juntarse con los amigos de la Plaza del Carmen, de la muchachada obvia que
hacía su despapaye en las escalinatas del Teatro de la Paz. Acá, en la Alameda,
venías en busca de “cotorreo”, una palabra potosina para no decir que ibas de
puto, a cazar hombres.
Ésos fueron los
eslabones del cruising o el ligue clandestino entre hombres en San Luis Potosí
capital. Todo mundo sabía lo que pasaba en esa plaza, pero nadie quería
hablarlo públicamente. Pedías nunca encontrarte a tus amigos o familiares dando
la vuelta por esos lugares, porque qué iban a pensar de ti. Pero era lo que
había, lo más accesible. No te cobraban por andar de putivuelta por la Alameda,
conocías la carne nacional, a veces corrías el riesgo de que te asaltaran, o
peor, que terminaras enamorado de un chacal que sólo te seducía para que le
pagaras la caguama o la mota.
¿Qué pasa hoy en la
Alameda? Poco. No voy a decir que el lugar está completamente muerto. Por
alguna extraña razón, los gays y HSH siguen yendo de caza a la Alameda, pero ya
no es como antes. Ya no ves grupitos queer muy seguido, ni hay mucho
sexoservidor. Los baños, ubicados justo al centro de la plaza, a un costado del
Museo del Ferrocarril, siempre han sido uno de los puntos más clandestinos para
ligar en la ciudad. Es un espacio muy sucio, pequeño, sólo tiene 4 baños, y
siempre están llenos de los típicos viejitos o jotitos que pueden durar allí
una hora, arranados en el escusado, a ver qué pescan. Lo peor, es que los
encargados lo saben, y suelen lanzar insultos, o llamar a la policía. Pero el
dinero es dinero y saben que los homosexuales son una fuente de sus ingresos,
que llenan los baños hasta el día de hoy para desfogar sus perversiones, como
ellos lo ven. Por eso, hasta cierto punto, lo toleran.
Esos baños de la Alameda
seguirán jalando por algunos años más, pero nunca serán de mis lugares
preferidos. A ésos vas cuando de plano andas desesperado, y ya te conformas con
ver mínimo una verga. Si llamaban antes tanto la atención, era porque entre la
perrada, acudían chacales que les encantaba que les dieran sexo oral. Por lo
regular, se llenaban por las tardes, pero en las mañanas también solía haber
movimiento. Lo más común, era ver a los que se sentaban en las banquitas a un
costado de los baños, o lo más cercano posible, para ver quiénes entraban,
quienes se veían jaladores. Eso todavía ocurre, pero ahora ya no hay tan buen
catálogo ni catalogadores.
Ahora, la cosa está más
controlada en la Alameda. Continuamente se ven policías haciendo rondín.
Algunos son unos puercos, se pasan de lanza, insultan a parejitas de lesbianas
o gays, si es que tienen la oportunidad, o se cargan a los que ven con cara de
malandros. Antes, había mucho inmigrante por ahí. Ahora, casi nada.
¿Es recomendable seguir
yendo a la Alameda? Depende. De que hay gente que va de cruising, sigue
habiendo. Los gays no nos damos por vencidos y seguimos haciéndole la lucha de
ir a darnos una vuelta, aunque sea sólo de pasada. En las mañanas o a mediodía,
se aparecen unos que otros, se sientan en las banquitas, o se andan dando la
vuelta. A veces, si es que hay suerte, llegan algunos chacales o sexoservidores
a buscar chamba, no se quedan siempre ahí. También hay algunos lavacoches que
les gustan los picones. Pero sobre todo viejitos, gente madura que se da sus
vueltas por la mañana o por las tardes, y busca a algún buen samaritano o
simplemente reunirse con sus amigos para pasar el rato. Luego, por la
tarde-noche, es natural ver las mismas caras, sexo servidores muy conocidos,
que son más bien chichifos, cabroncillos que les gusta la vida fácil y son
buenos para echar rollo y romance a cambio de unos regalitos o una lana.
No todo es malo en la
Alameda. Ya no es tan insegura, y además, es un sitio relax, fresco, para
caminar o dar la vuelta con los jotiamigos. Ya no encuentras verga fácil, pero
si tienes mucha suerte y le rezas a San Pene, igual y cachas algo.
Hay que buscarle.
Saber buscarle. De vez en cuando voy, y me llevo sorpresas agradables, veo
caras que hace tiempo no veía, o caras nuevas, de niños espantados, que saben
que la Alameda tiene su lado oscuro, y se aventuran a vivir la experiencia.
Aunque ahora, como el movimiento es mínimo, ves más a los chavos que llegan, se
sientan, y esperan a que tú te les acerques y ligues. No se esfuerzan, no
hablan, ni se atreven a mucho. Son chavos que no les toco la Alameda de hace
años, cuando todos sabíamos a lo que íbamos. Ahora resulta que a todos nos da
pena cotorrear.
En próximos años o
meses, la Alameda será modernizada, unida por una explanada al Museo del
Ferrocarril, o eso es lo que dicen las autoridades. Se pretende renovar la
Alameda como un espacio familiar. Por eso digo, que estos son los últimos años
de ligue en la Alameda. Pero que no decaigan los ánimos. Quienes alguna vez
conseguimos algo allí, o conocimos buenos amigos, nos quedan recuerdos
agradables. Quienes llegamos hasta agarrar una verga discretamente, o bajarte
al lago en desuso para darle unos güagüis al chacal, nos quedamos satisfechos,
de lo que el mundo clandestino de una ciudad tan moralista y cerrada, puedo
ofrecernos.

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