Hace unos días veía junto a un trío de amigos la serie de Netflix “Club
de Cuervos”, estábamos en el capítulo donde el macho argentino Joaquín Ferreira
tenía un encuentro sexual con una chica. Pero su miembro de “potro” no se
levantaba y él le sugería a la chica que le metiera el “dedito” para levantar a
la bestia. La clara alusión de estimulación anal provocó una serie de risas
entre mis amigos, por el simple hecho de que un personaje heterosexual pudiera
sentir placer a través del ano. Se hicieron una serie de comentarios torpes,
hasta que mi amigo buga nos cuestionó la razón de las burlas, si como homosexuales
que éramos obteníamos placer a través del culo. “Es una de las vías, pero no la
única”, aclaró otro amigo, el inter. Luego, el buga reveló que fantaseaba con
que su novia lo masturbara introduciéndole el dedo en el culo, y como era de
esperarse no lo bajaron de “bottom shame” u homosexual reprimido. Al final, él
nos aclaró que ésta era una fantasía solamente, pero que le indignaba la forma
con que podíamos llegar a denigrar a alguien por el simple hecho de encontrar
placer en otro más de sus genitales.
Y es cierto, él tiene razón. La misma anécdota me recuerda a las fotos
de Michael Hoffman en las que sale mostrando el culo, acariciándolo con el dedo
y abriéndose las nalgas ante la cámara para lucir esa parte tan privada que
todo heterosexual prefiere ignorar. Michael ha dejado en claro su orientación
sexual, pero esto no ha dejado de ser motivo para que diversos medios de
noticias para homosexuales ponga en duda su heterosexualidad. La misma
situación pasa gente como mi amigo el buga que alguna vez se atreven a revelar
su gusto por esta clase de placer prohibido. Si los hombres, sin importar su
orientación, pudieran hablar sin vergüenza sobre las veces que se tocan el ano,
tendríamos miles de historias eróticas por contar. Pero preferimos callarlo.
En el top de las mentiras más repetidas por los chicos gays suelen repetirse
dos: “soy activo/soy inter” cuando se es pasivo, y “soy bisexual” cuando se es
homo. Ambas tienen una correspondencia de rechazo hacia conductas consideradas socialmente
denigrantes: ser pasivo y ser homosexual como sinónimos de inferioridad y de
afeminamiento.
Escudar nuestra orientación con la bisexualidad se debe al pensamiento
de “me gustan los hombres, pero también las mujeres” y por lo tanto mi
orientación es casi natural y merezco mayor respeto que un gay común y
corriente. La mayoría de las veces esta conducta es una etapa, con el tiempo y
las experiencias de vida nos desmentimos y aceptamos nuestra condición sexual,
dejando el prejuicio atrás. Nos dejamos de obsesionar con pretender ser “naturales”,
porque la aceptación no se gana a través de una mentira, muchas veces imposible
de sostener.
Lo que me parece irracional es el menosprecio hacia el papel receptivo/pasivo
en la sexualidad gay. Conozco a muchos chicos que parecen entender este rol
como una conducta relacionada con la feminidad, la debilidad y la castración.
Parece que ser penetrado por el culo merece todo tipo de burlas, pero ser
activo es motivo de orgullo porque lo relacionamos con hombría y poder, ya que
a final de cuentas, aunque el gay tenga gusto por hombres, sigue desempeñándose
en la cama como el semental que penetra y está siempre encima.
Más allá de mentir sobre nuestro rol sexual, buscamos esconderlo ante
la sociedad. Claro, entiendo que esto pertenece a la intimidad y no tenemos que
gritarlo a los cuatro vientos. Sin embargo, exteriorizar nuestro rol cuando
somos hombres pasivos sigue siendo un tema que despierta el sentimiento de
vergüenza y motiva a la burla y al desprecio. Ser “pasiva” es lo mismo que ser
puta, y ser puta por supuesto significa una condena social que criticamos a
diestra y siniestra, utilizando el sustantivo y el adjetivo de forma peyorativa,
convirtiendo la pasividad del hombre gay en una condicionante, en un motivo de
devaluación personal.
Irracional, repito, es pretender enjuiciar una preferencia de gozo
sexual, dado a que a través de ella se obtiene un placer equivalente: tanto
goza el que es penetrado, como quien penetra. Un hombre homosexual siente
atracción por otro de su sexo, un hombre homosexual activo busca satisfacer su
deseo sexual utilizando los medios que le favorece la naturaleza para llevar a
cabo el coito gay: la boca y el ano. En resultado, si el pasivo debe
avergonzarse por sentir placer a través del conducto hecho para excretar, el
hombre activo también debería sentirse avergonzado por encontrar placer
penetrando a un hombre por ese medio. Sin embargo, somos machistas y preferimos
omitir el detalle y encasillar el coito en el objetivo de llegar al orgasmo,
omitiendo la forma más común en el sexo gay para alcanzarlo.
Esto, cuando se trata de hablarlo, de expresarlo ante desconocidos y
curiosos. Porque en la cama somos quienes realmente somos, quienes gozamos a través
y por el culo. Punto.

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