El primer día de clase, Aritz (Jorge Clemente)
intenta congeniar con una chica del grupo, resultando su intento de flirteo en un
rechazo rotundo y un posterior altercado contra un compañero del grupo. A su
defensa salta Esteban (Emilio Palacios), quien evita que Aritz sea apaleado,
pero no humillado. Para colmo de Artiz, la buena fe de Esteban le viene mal,
porque aquel primer día es precisamente la única oportunidad que tienen los
muchachos de la escuela para ganar una posición entre castas. Aritz ha sido
siempre un tipo solitario e inadaptado que intenta dejar de serlo. Esteban, por
su parte, parece el tío listo y con agallas. Quizá la primera impresión sea el
agua y el aceite, pero contra cualquier suposición, lo que surge es una amistad
pura. Hasta la llegada de Sara (Beatriz Medina), una chica de carácter masculino
que viene a completar el trío de los héroes del mal que entra a los
supermercados para robar cerveza, desafía y ataca a los profesores o que corre
por las calles en busca de venganza contra el bullie de la escuela. Al madurar su
fortaleza emocional, crece un sentimiento de superioridad gracias al que pueden
hacer todo a costa del mundo de los adultos. Aritz, Esteban y Sara experimentan
más allá del alcohol, las drogas y el sexo. Cada uno a su manera mantiene una
batalla interna y estas emociones parecen desahogarse a través de su compañía,
pero esta misma se va haciendo difícil cuando Aritz siente que Sara se
interpone en su amistad con Esteban. Hay sentimientos de ira, de celos. Aritz
es acosado por su propia soledad y un pensamiento destructivo que lo hace
sentirse continuamente rechazado. Piensa en el suicidio y su ira se desata, al
nivel de llevar a Esteban y a Sara a optar por la distancia. Al final, los
sentimientos homoeróticos que Aritz ha sentido desde un principio hacia Esteban
parecen obvios, pero no desembocan, no maduran, la soledad lo destruye todo y doblega
al trío entre el dolor y la muerte.
El madrileño Zoé Berriatúa (1978) escribió y dirigió
en 2015 este drama que aborda de forma cruda la relación entre la juventud, el
bullying, el sexo, las drogas y la depresión, un caldo bien preparado que
resulta en una obra hecha para mantener al espectador en la butaca, revolviéndose
los sesos entre sentimientos confusos que pueden ir desde un dejo de inquietud,
al relacionar los primeros 30 minutos de la película con una historia superflua,
característica de las películas de la vida de adolescentes frustrados entre el
despertar sexual y el adolecer en un mundo realista donde todo parece estar
dispuesto en su contra. Pero también, se revuelve el estómago junto al seso
cuando, más allá del minuto 30, comenzamos a ver la historia de tres muchachos
inmersos en una problemática de mayor relevancia, donde la violencia y los
sentimientos de abandono cuecen una historia que resulta incómoda a la
digestión. Y eso, les aseguro, no es malo.
El casting de Los Héroes del Mal me ha gustado por
un detalle especial: pocas veces podemos ver cintas en las que los
protagonistas y los personajes del medio nos sean tan próximos en la medida
estética. No tenemos a chicos de treinta años intentando ser estudiantes de
preparatoria. No tenemos tampoco a modelos de revista, sino a personas que
necesitan poco maquillaje. Basta echar un vistazo a las escenas que suceden en
el aula: un puñado de rostros de chicos y chicas comunes, corrientes, con una
belleza ibérica tácita que no necesita exagerarse o disfrazarse para hacernos
la película grata a la vista. Además, el soundtrack satisface al oído de una
forma curiosa, la mayor parte del tiempo escuchamos acordes de música clásica
que se combinan de una forma poco común el trío de adolescentes. Podríamos más
bien esperar de fondo una tonada de rock o metal, en cambio, nos dan cucharadas
de elegancia en medio de la violencia. El resultado podría ser chocante para
algunos, pero a mí me ha resultado bueno.
Recomiendo Los Héroes del Mal porque logra provocar
incomodidad en la psique. Pasamos del odio a la conmiseración por Aritz, un
personaje de la sociopatía millenial
que solemos criticar ensañadamente, creyéndonos jueces de la conducta, sin
pensar directamente en los efectos que el desmembramiento social hace a las
nuevas juventudes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario