En
1994 el cubano americano Pedro Zamora se convirtió en la primera persona
viviendo con VIH que abiertamente exponía su diagnóstico ante un show
televisivo, “The real world” de MTV. Había pasado una década desde que se
escucharan los primeros casos del famoso cáncer rosa, que se sabría se trataba
más bien del VIH, responsable del sida que ha fulminado la vida de millones en
todo el mundo. Pedro, un chico carismático, atractivo e inteligente, fue una
figura que cambió muchas cosas en los Estados Unidos desde que su lucha privada
se hizo pública tan sólo atreverse a aparecer ante un programa visto por miles en
toda la Unión Americana. Unos meses después de que pisara la casa de San
Francisco, precisamente el día en que se transmitía el último capítulo del
reality, Pedro murió en su hogar debido a una leucoencefalopatía multifocal progresiva asociada a su
condición de sida.
Su aparición sirvió para exponer la humanidad
de aquellas personas seropositivas que en aquellos años eran terriblemente
discriminadas. Quizá en la actualidad ese rechazo se haya suavizado en cierta
medida debido a los programas de capacitación entre el personal de salud, así
como los impuestos por los gobiernos para educar a la población en general, y
en mayor medida por el trabajo que han hecho miles de activistas y defensores
de derechos humanos que viven con VIH o que se asocian a la causa. Precisamente
el papel que Pedro desempeñó, sin saberlo, fue acercar a una población ignorante
a la vida de alguien que vivía en carne propia el drama del VIH, con todo lo
que ello conllevaba: el desquicio en “The Real World” de chicos asustados al
vivir con un seropositivo, el desconocimiento de las verdaderas causas de
transmisión, y la armonización que logró Pedro y compañeros al educarlos pacientemente
sobre la historia del virus, rompiendo una serie de mitos en torno a su
condición de vida.
En 2008 la misma compañía que produjo “The Real
World”, llevó a la pantalla
su historia en "Pedro". Fue dirigida por Nick Oceano y escrita por Dustin Lance
Black (el
mismo escritor de “Milk”) y Paris Barclay. Alex Loynaz encarnó a Pedro.
En el filme podemos apreciar algunos momentos de la vida del joven mucho tiempo
antes de su aparición en el reality show, como la llegada de su familia a los
Estados Unidos desde Cuba como refugiados, su niñez y parte de su intensa adolescencia.
Algunos críticos coinciden en que la película no retrata con exactitud a Pedro,
quizá debido al carácter morboso con el que tratan el tema de su
homosexualidad, en el que hay lugar a la interpretación de Pedro como un
adolescente que adquiere VIH debido a una vida de intensa actividad sexual.
Sin
embargo, considero que la realización del filme sirve como adición a la
videoteca de vidas y personajes de personas seropositivas que fueron y serán protagonistas
y dignificadoras de nuestra lucha. Sólo por el hecho de ser una historia próxima
con la que muchos podríamos sentirnos identificados, vale la pena tomarla en
cuenta.
Recuerdo
que ver “Pedro” me dejó un sentimiento de inquietud que me duró varios días. La
película es fácil de digerir porque no vemos el dramático proceso terminal de
Pedro más que en pocos minutos. La película se centra en sus logros, y es de
agradecerse el no cosificar al seropositivo sino dar pie a que exista una
historia humana que contar.
Pero
el simple hecho de ver a alguien tan joven perder la batalla, teniendo asegurado
un futuro exitoso de haber seguido viviendo, me dejó pasmado y triste,
meditabundo. No dejaba de preguntarme sobre todas las historias de las personas
que tuvieron la desdicha de adquirir VIH en la década de los ochenta, de todos
aquellos que jamás pudieron acceder a un tratamiento antiretroviral como el que
tenemos hoy en día, o aquellos que fueron echados de sus casas, de sus
trabajos, aislados de sus familias, amigos y sociedad. De aquellos que al morir
fueron puestos en bolsas de basura y cremados. Aquellos homosexuales asustados
por la muerte inminente, o deprimidos al saber que su futuro les había sido
arrebatado. Creo que ese fue el drama que muchos vivieron y que hoy es difícil entender
debido a los adelantos en la medicina.
Quizá
estos pensamientos abrumadores se debieron a que el día en que me enteré que
tenía VIH no fue precisamente una experiencia traumática, como ocurre con
muchas otras personas. Al escuchar el diagnóstico de la doctora, sí, sentí
escalofríos, pero acepté la realidad sabiendo que había tenido relaciones de
riesgo en el pasado. Siempre había estado en mi cabeza la posibilidad de que
viviera con VIH, pero no fue hasta ese día al tener por escrita la realidad, que
supe cuál era mi futuro y que no me quedaba de otra más que salir adelante. Me
concentré tanto en la meta que a pocos meses logré recuperarme casi al 100% de
las condiciones deplorables en las que había llegado al hospital: anemia
severa, pérdida de 10 kilos en menos de un mes, sólo 50 CD4 y millones de
copias de VIH en mi organismo. Nunca me puse a pensar que todo esto junto era
una carga tan pesada y que para muchos sería imposible de vencer. En mis
pensamientos reinaba la idea de no dejarme caer, y puedo decir que lo logré,
recuperé mi salud física y emocional, recupere mi confianza y volví a quererme
tal cual soy. Esto no sólo se reflejó en mi físico, sino en las cosas buenas
que vinieron durante los años siguientes, hasta el día de hoy, en los que puedo
sentirme profundamente agradecido con la vida por haber alcanzado metas, por
seguirme imponiendo retos, y sobre todo por saber que no estoy enfermo, que el
VIH no representa en mi camino un obstáculo. Me siento imparable y ese
sentimiento atrae éxito.
El
VIH en mi vida significa tomar unas pastillas día a día, mis pastillas se encargan
de mantener indetectable el virus en mi sangre, pero el resto depende de mí, de
mantener las ganas por trabajar, por amar, por desear. Y todo esto resumido, al
hacer una reflexión, significa demasiado…
Demasiado,
en el sentido del esfuerzo: creo que he estado íntimamente enamorado de mí
mismo durante estos años, que no he tenido tiempo para sentir tristeza o dolor
por vivir con VIH, y fue por eso que cuando vi “Pedro” me cayó de peso el drama
de las historias de vida de las personas que no tuvieron la oportunidad de
vivir como lo hacemos hoy los seropositivos. Sinceramente eso me dolió. No soy filántropo,
pero el pasado de la gente con mi misma condición no me puede ser indiferente.
Al pensar en ellos siento tanta tristeza e incluso un dejo de vergüenza por ser
un seropositivo que vive de forma positiva, sin dejarme amedrentar, por tener
una salud noble, por ser aceptado y respaldado por mi familia y mis amigos.
En
el lado negro de la historia de todas las personas que vivimos con el virus,
sigue existiendo un drama que repercute directamente en nuestras historias de
vida. Tristemente, la gente sigue juzgando que somos culpables de nuestra
condición con VIH, quitándonos nuestra humanidad para convertirnos en símbolos
de promiscuidad, enfermedad y penitencia. Para muchos es imposible entender que
el VIH no es una enfermedad, la misma idea les parece ridícula. Y luego está el
hecho del sexo mismo, cuántas limitantes morales existen en torno a las
relaciones de los seropositivos: nos piden vivir en celibato, pero un 99 por
ciento de esas personas en su vida se han realizado una prueba de detección.
Hay
un sector de la comunidad gay seronegativa que considera que el hombre con VIH
debe dejar de tener relaciones sexuales a costa de sus deseos y necesidades, e
hipócritamente se nos hace responsable de las nuevas transmisiones, imponiendo
en nuestra figura la responsabilidad única de cuidar al otro de no adquirir el
virus, dejando de lado, ignorando, la responsabilidad individual de protegerse
a sí mismo. La comunidad de hombres gay coge hoy más que nunca, con condón y a
pelo. El hombre gay es apelero de closet
pero serofóbico declarado. Me pregunto qué está haciendo la comunidad gay seronegativa
para frenar el odio, además de seguir asegurando que esto de vivir con VIH “te lo mereces por puto”.
Hay
un alto grado de homofobia y serofobia en México. Sólo leer los comentarios que
se hacen en las notas periodísticas que hablan del tema, me hace darme cuenta
del poco conocimiento que se tiene sobre el VIH y lo negativo que esto
significa. La gente es cruel y se siente con el derecho supremo de
menospreciarnos. Los medios de difusión masiva por su parte han hecho poco para
acabar con el estigma, en cambio siguen institucionalizándolo al hablar de
personas que “contagian el sida”, al tratar el sida como peste, al no saber las
notables diferencias entre VIH y sida. “Pedro” sirve para retratar los avances y
los retrocesos de ese fenómeno en nuestra sociedad. En México puede decirse que
el trabajo está hecho a medias.
En
este lado oscuro y traumático, sigo teniendo miedo a encontrar pareja por la
ansiedad que me provoca el hecho de ser rechazado y expuesto. O la de perder un
trabajo por revelar mi estatus. O la de ser razón de burla. Agradezco no
haberme topado con estas situaciones, pero sé que no estoy libre de algún día
llegar a padecerlas.
En
conclusión, mi vida con VIH en estos dos años ha tenido cosas buenas. No puedo
decir que hayan ocurrido cosas malas. ¿Está mal que piense que soy afortunado?
¿Estaré siendo demasiado ególatra? ¿Estaré haciendo mal al vivir una vida común
como el resto de la sociedad? Quiero creer que no a ninguna de estas preguntas.
Me aferro a la idea de que el VIH no es ni será nunca una condicionante para
celebrar la vida. Mi vihda.
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| Pedro Zamora 1972-1994 |


Este articulo me ha emocionado. NO debes tener miedo a encontrar pareja ni a nada parecido. Yo soy seronegativo, pero mi pareja es seropositivo. Le amo, le quiero, y no podría imaginar una vida sin él.
ResponderEliminarSe encuentra perfectamente por su medicación y ya el VIH ni siquiera está en nuestro día a día.
Claro que debes vivir la vida con orgullo y disfrutándola como mereces. Es tu vida y el único que debe decidir cómo vivirla.
Soy de España y aquí no hay tanta discriminación ni rechazo. La información es abundante y la población está más ocncienciadas, así que te admiro mucho por vivir en un lugar con tantas dificultades.
Eres valiente, como mi chico, y como tantos otros, sobre todo como Pedro. Vive tu vihda y piensa que alguien aparecerá para complementarte. Un fuerte abrazo.