Uno
de los mayores miedos de los gays es la soledad. La idea de quedarnos solos nos
resulta desagradable. La sociedad machista no nos deja muchas alternativas:
castigan el matrimonio igualitario y la verdad es que a muchos homosexuales nos
da pavor el compromiso, no sabemos ser fieles o no compartimos ideas, y por
tanto terminamos solos.
A
veces nos imaginamos 30 años en el futuro, y nos vemos viviendo en casa de
nuestros padres, como los tíos solterones, calvos y amargados que no pudieron
encontrar una pareja para complementar una vida en la madurez. Hay otros que
imaginamos escenarios aún más patéticos, en donde a los 50 asistimos a los
antros gay, vestidos como novicias adolescentes y comportándonos de forma
desesperante para llamar la atención de alguien más joven. Y siempre están los
que temen que un día al abrir los ojos las canas les habrán llenado el coco y su
único compromiso cotidiano será ir a visitar los baños del mercado, a ver si hay
alguien que se compadezca de su vejez y les baje el estrés sexual acumulado
durante años de abstinencia.
A
mí sinceramente se me pone la piel china imaginando eso. Soy extremadamente
caliente, así que no sé bien cuál sea el destino que me depare. Espero que en
determinado momento, ojalá uno adecuado, sea consciente de que todo en la vida
tiene una etapa y que no todo el tiempo podemos vivir con un mismo estilo de
vida. ¡Qué los santos me libren de andar a mis 65 años haciendo cruising o
bailando sobre una mesa y sin camisa en el Living Reloaded!
Siento
que me escucho frívolo al escribir todo lo anterior. Pero estos pensamientos me
vienen como una mera reflexión. La madurez engloba experiencia y dignidad. No
soy quien para decir qué significa vivir bien, pero sí sé que muchas de las
experiencias que vivimos durante nuestra etapa de juventud, determinan la forma
en que viviremos gran parte de nuestra madurez. Cuando un homosexual lleva un
ritmo de vida ligero, sin preocuparse demasiado por el futuro, aprende a vivir
al día y desarrolla una clase de tolerancia envidiable. Toma lo bueno, deshecha
lo malo. Hay otros homosexuales que le dan gran importancia a la pareja y a las
relaciones interpersonales. Saben conservar al novio durante largo tiempo, pues
son conscientes que no es lo mismo enamorarse que amarse de por vida. Dicen que
el amor se acaba o que no siempre es el mismo, y para su provecho, los
homosexuales que saben respetar el compromiso o bien, adecuarlo a una sana
convivencia, incluso con terceros de por medio, tienen mayores posibilidades de
vivir una madurez en compañía de una pareja estable. Si han visto noticias
sobre parejas de ancianos homosexuales, seguro les cruzarán por la cabeza dos
pensamientos: qué aguante, y qué hermoso.
No
todos, pero me gusta decir que la mayoría, crecimos dentro de núcleos
familiares sólidos. Vimos a nuestros abuelos envejecer juntos, y vivimos el
proceso de maduración conyugal de nuestros padres. Algunos quisiéramos encontrar
una pareja con quien pasar el resto de los días, aún con los sacrificios que esto
significa. Aunque también están los que se interesan lo mínimo en los noviazgos
o el matrimonio. No es que sean personas sin sentimientos. Más bien, gozan de
su autonomía, están tranquilos con la idea de vivir solos y además, saben que
la soltería no es sinónimo de aislamiento ni melancolía, si han cosechado
buenas relaciones sociales, siempre tendrán a un familiar o a un amigo que vele
por ellos. Es cursi, pero es cierto.
¿Por
qué nos causa tanto conflicto la soledad? Algunos amigos me han dicho que saben
que terminarán solos porque son poco atractivos y malos para mantener un
noviazgo. Pero yo creo, más bien, que uno dirige su propio camino hacia una
vida en compañía o en soledad. Argumentos hay muchos, podríamos quedarnos solos
si nunca nos interesó vivir en pareja, si no supimos cómo cuidar al novio o si
tuvimos relaciones fallidas, no por nuestra culpa, sino por la de él. ¿Qué
hacer? Como dicen, si quieres tener una vida próspera, trabaja en tu presente
para encaminarte un buen futuro. La vida nos da continuas sorpresas y nos
impone retos. Debemos entender cuán valiosa es la experiencia. Antes de
lamentarnos, preocupémonos por garantizarnos una madurez con dignidad y respeto
por nuestras personas. No juzgo a los hombres maduros que buscan sexo con gente
muy joven, o a los que siguen de antro aun cuando las arrugas ya son muy
obvias. La gente vive según su personalidad y está debe tolerarse, mientras no
haga daño a otros.
El
asunto de la soledad es claro: podemos evitarla, si actuamos de forma positiva
y nos enamoramos de la vida.

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