Mi respuesta es sencilla. Sí. Ninguna organización o institución,
cualquiera en su clase, política o religiosa, puede prohibirte un derecho
humano como tal, sobre todo, cuando se trata más de un valor moral y
espiritual, que es la virtud de la fe. Que no te digan que los homosexuales
tenemos prohibido creer en Dios, en Alá, en Krishna, en Buda, o en la Virgen de
Guadalupe. Creer, es tan válido como preferir no hacerlo, a todos nos educan de
una manera diferente, y la vida nos da la oportunidad de crecer con distintas
ideologías. A veces, naces cristiano y mueres ateo, y otras, naces ateo y te
conviertes al judaísmo. No se trata de adaptación, sino de espiritualidad pura,
cuando al alma y a la personalidad les es grato acercarse a una doctrina, encuentras
sabiduría, consuelo y esperanza. No hay nada mejor que recurrir a la fe, en Jesucristo
si te parece, y en ti, porque no hay como saber creer con la consciencia de uno
mismo.
Aunque la Iglesia Católica y muchas otras religiones castigan la
homosexualidad, la estigmatizan como algo que va contra la naturaleza, y hasta
se prestan a promover las humillaciones, denostaciones y abusos a la comunidad
LGBTTTI, no debes verlo como un obstáculo para expresar tu doctrina y
profesarla. Recuerda que lo que diga un sacerdote o un rabino sobre tu
orientación, es solamente una forma de entender la vida, con base a sus
creencias y valores, pero no a las tuyos y ni siquiera a un documento, como la
Biblia, con la que muchos se justifican para atacarnos y escudan su ignorancia equivocadamente,
pues no hay en la Biblia palabra que proponga y estigmatice a la gente que es
diferente por su orientación. Y si te vienen con el tradicional “No os
acostaréis con hombre como lo hacéis con una mujer”, responde, que al sostener
intimidad con otro varón, no te acuestas con él como lo harías con una mujer,
porque para empezar, desde el punto de vista religioso, no lo haces para
procrear, sino por amor. Y si es sólo por calentura, también es válido, es tu
cuerpo y Dios o Alá te aman como tal, pues fuimos hechos a su imagen y
semejanza.
Más bien, ocurre que durante mucho tiempo, la Iglesia ha aprovechado,
deliberadamente, una malinterpretación a su conveniencia, para increpar todo
aquello que considera inadecuado, según sus principios. Afortunadamente,
también hay muchos predicadores de fe que son mejores personas, abiertas,
amables, afectuosas y tolerantes.
¿Pero qué hay de ti? De tu percepción propia de las cosas, de tu valor
como persona. Si te sientes mal porque en tu religión te sientes rechazado,
empieza por aceptarte a ti mismo. Lo demás no importa. Importa tu espíritu. Mientras
te sientas bien, la religión te abrirá sus espacios para ofrecerte tranquilidad
y una identidad espiritual.
Católicos, judíos, musulmanes, hinduistas, ateos. No importa cuál sea
la que practiques. De aquí en más, la modernidad ha ido cambiando muchos de los
patrones de tolerancia dentro de las propias religiones. En mi propia
experiencia, me ha tocado conocer a curas católicos que respetan la igualdad y
la diversidad sexual, los invitan a profesar la fe con la misma devoción que un
heterosexual y además, piden respeto justo a quienes son diferentes. Sí, parece
casi ilógico, que un cura católico pueda expresarse así, pero a mí me ha tocado
conocerlos. Y no diré que ellos me han tocado el corazón y el alma, quien me ha
tocado es Dios. Mi religión, y los cabecillas al mando, lo sé claramente, han
cometido múltiples errores y crímenes contra la moral que ellos mismos exigen,
que han cometido crímenes infames y que por siglos han promovido un pensamiento
cerrado acerca de temas como el celibato, el matrimonio igualitario, la
eutanasia o el aborto.
No hablaré sobre el tema de la pederastia en la Iglesia Católica,
porque sería alargar demasiado el tema del que estoy hablando, y además, creo
que hablar de pederastia, homosexualidad y religión, son cosas muy diferentes,
y casi sería como aceptar que la homosexualidad está ligada a la pederastia,
algo totalmente falso y lamentablemente uno de los tabúes más comunes en
nuestra sociedad.
Mi acercamiento a Dios y a Jesucristo, me han permitido vivir una vida
más sana, en mi fe encuentro un espacio que me llena de alegría, de bondad, de
amor por mí mismo. Creo que todos tenemos derecho a creer en algo, y defiendo a
los homosexuales, lesbianas o trans, que acuden a misa, que oran, rezan y se
identifican con alguna doctrina. Y también, respeto mucho a quienes se declaran
ateos, porque en sí mismos ya profesan una idea que los identifica: más que
creer en que no hay un dios omnipotente o sagrado, creen que sólo estamos
nosotros, la naturaleza, la existencia y la vida.
No creer en nada, en cambio, es muy diferente, y es vacío. Si tienes
alguna clase de prejuicio contra los cristianos o los musulmanes por su
intolerancia a la homosexualidad, algún día podrías abrir tu mente y atraer a
ti personas de esas religiones que te acepten plenamente tal y cómo eres.
Eso es lo importante. Cree en el dios que desees, pero más importante,
cree en ti, en tu papel como parte del cosmos, de la naturaleza, de sus
componentes, y sus protagonistas.

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