Me gusta fantasear con amigos
heteros, con vecinos heteros, papás heteros, curas heteros, futbolistas heteros
y barrenderos heteros. Hetero, hetero, hetero. Soy heterofílico, me gustan los
hombres a los que les gustan las mujeres. Esa es mi cruz y nada puedo hacer.
Cuánto más testosterona huelo en su ropa sudada, más me prendo y me pongo a
imaginar cosas sucias. Afortunadamente, sé que son sueños güajiros, fantasías
que no hacen mal a nadie, y que son naturales y propias de todo hombre, ¿o tú
crees que ellos no se la pasan fantaseando con mujeres ajenas, que a ojo de
águila son prohibidas? Bueno, pues para los hombres gays, los heteros nos son
prohibidos, pero eso no nos desanima y alguna que otra vez hacemos
el intento.
Hagamos un recuento de las
cosas que nos prenden tanto de los hombres heteros y las cosas que se dicen comúnmente
de ellos entre la gente de ambiente.
1:
5 vodkas, 1 caballito y 3 cervezas = Heteroflexibles
Dicen que todo hetero ya bien
pedo, se desinhibe y deja los tabúes atrás, para entregarse a pasiones
desenfrenadas, enterrando el difunto tieso en cualquier hoyo que se lo permita.
Por eso, es natural fantasear con la idea de embriagar a nuestro mejor amigo
hetero para convencerlo de tener sexo con nosotros por una noche. Y al otro
día, hacer como si nada de eso hubiera pasado. ¿Es posible? No lo puedo
afirmar, en mi opinión, la orientación sexual no es precisamente moldeable,
sino más bien el comportamiento, y cuando se está bajo el influjo de alcohol o
drogas, uno no piensa con el cerebro, sino con el pene, y algunas de esas
veces, cuando despiertas, estás en la cama de alguien con quien nunca hubieras
imaginado. A todos nos podría pasar, lo que podría ser desde una gran
experiencia o nuestra peor pesadilla. Imagina que despiertas un día con el
carnicero, un panzón calvo y granudo, o con tu mayor enemigo, el joto venenoso
que jurabas estaba para el caño. Ahora, pongámonos en los zapatos de un hetero
que se deja llevar por el alcohol y al final de la jornada se va a casa con un
terrible malestar de conciencia, de asco y de frustración por haberse acostado
con otro hombre. No todo es tan lindo como lo imaginamos.
2:
Curiosos y entrones, hasta en los mesones
Existen los hombres juguetones,
a los que les gusta nalguear o agarrarle el paquete a sus compañeros del
trabajo o de clase. Si no me creen, vayan a un vestidor de algún equipo de
futbol y no notaran la línea entre homoerotismo y jotería, la única diferencia
es que todos ellos son heterosexuales y se tocan a modo de juego. Pero uno que
es de mente caliente, piensa que si se lleva con tanta confianza con el amigo,
tú tienes oportunidad con él. Muchas de las veces, esto es mentira, esos
curiosos entrones, en realidad lo son sólo por encima, y su actitud frente a
otros compañeros es sólo para demostrar su masculinidad y empoderamiento con actitudes
que intentan satirizar al compañero, tratándolo como una mujer. Esto, más que
una actitud curiosa, es misoginia permisiva entre varones. Así que mi buen, no
te ilusiones tan pronto.
3:
Chichifos y chacas, con dinero baila el perro
Ya no es un mito, sino una
verdad, si vas a un bar de ambiente diverso que no sea fresita o de gente bien
portada, te vas a encontrar a un chacal en busca de diversión. Su método casi
siempre es el mismo, hacerle ojitos al muchacho o señor, llegarle con platica
amena y empezar a calentarle la cabeza, proceso en el cuál, tú terminas
disparándole la cerveza, regalándole tu Rolex y viéndote en un futuro cercano
como papá casada… Suele suceder. Los chacales, casi siempre heteros, porque no
se reconocen como homosexuales ni les interesa entablar una relación amorosa
con ningún varón, son esa clase de especímenes mexicanos que gustan y disgustan
por igual. Algunos son feos y otros galanes. De todos construyes al macho
perfecto: mal hablado, dicharachero, alburero, machista, presuntuoso y entrón. Pero
aguas, algunos sólo se acercan a ti para sacarte dinero y luego te dejan como
perro abandonado, sin ofrecerte ni siquiera un beso en la puntita. El chacal ya
sabe cómo atraer a los gays y sacarles provecho, así que somos nosotros quienes
ignorantes o muy sabidos de sus mañas, vamos y nos vemos burlados o
satisfechos, depende de cómo te lo sepas ganar.
4:
A los 41, todo hetero entra en transición
Como si fuera una ley nacional,
en México bromeamos al decir que todos los hombres casados llegan a sentir la
necesidad por hundir el pene en otro orificio que no sea el de su mujer, y que
en cierto grado de su desesperación y calentura, trascienden de la vida
cotidiana de un heterosexual a la de un bisexual. Y entonces le dan rienda
suelta al cotorreo, van a baños públicos en busca de un manoseo, o chatean por
internet con chavitos mientras se masturban en secreto, en su casa, cuando está
a solas. Puede suceder, sí, la naturaleza humana es caótica. Pero, si a ti te
toca conocer a uno de estos, por favor no te enamores, porque él ya tiene su
vida hecha y seguramente sólo buscara un instante de pasión para cambiar la
rutina, sin arriesgar demasiado y sin dejar que un encuentro sexual con otro
hombre altere su matrimonio o su vida familiar. Así que respeta y ponte
límites, porque él ya los trae bien impuestos y a ti sólo te queda aprovechar
la situación y sacarle jugo a ese cuerpo maduro.
5:
Al primo se lo arrimo y seis años después ya no me acuerdo
Cuando fuimos pubertos y adolescentes,
seguramente tuvimos oportunidad de hablar sobre sexo con otros chicos, puede
que hayan sido primos, amigos de la secundaria o vecinos, qué se yo. La edad de
la punzada propicia que las hormonas estén al límite de desbordarse, los
hombres empiezan a pensar más en sexo e intentan descubrir para qué está hecho
ese trozo de carne que tienen allí en la pelvis. ¿Llegaste a jugar a las
espaditas, a medirte el pene o a masturbar a tu amigo mientras veían una porno
hetero? Esos momentos son invaluables, se caracterizan por la confrontación de
la inocencia con el despertar sexual, cuando comenzamos a tener una idea propia
de lo que nos gusta o lo que nos incómoda, es ahí cuando sabemos a qué le
tiramos, y como muchas cosas se aprenden por experiencia, es normal que entre
hombres puedan ocurrir situaciones homoeróticas que no necesariamente
desemboquen en sexo o una relación. Muchos chicos heterosexuales han tenido
experiencias de esta clase, pero eso no significa que sean gays o que alguna
vez hayan estado interesados en conocer ese lado de la moneda. A final de
cuentas, son etapas. Y si te tocó vivir algo así, ojalá lo hayas gozado. Pero
no te enfrasques pensando que el amigo al que viste desnudo en la regadera
mientras tenía una erección o se masturbaba, es mercancía para ti. Seguramente,
cuando te des cuenta, habrán pasado los años y él tendrá novia o estará casado
y recordara poco de aquellos días, o sencillamente preferirá no volver a tocar
el tema.
Es bueno echar a volar la
imaginación con los heterosexuales, pero debe quedar bien claro que la
orientación sexual, desde un punto de vista científico, no es moldeable,
nacemos con dicha orientación y son más bien nuestras costumbres y experiencias
a lo largo de la vida las que definen nuestra personalidad. Así que si bien, a
veces los heteros nos confunden ofreciéndonos señales de que quieren algo con
nosotros, es probable que en realidad sea un juego y lo estemos alucinando.
Tómatelo con calma, hombres hay muchos, y lo prohibido, aunque se goza, casi
siempre es imposible.

Será que me explicas estos regionalismos, no los comprendo:
ResponderEliminardicharachero, alburero y entrón
Dicharachero es un hombre coqueto, alburero es un hombre que dice albures, que son lo contrario a los piropos (expresiones de coqueteo con humor blanco, inocentes y románticas), el albur por su lado suele ser subido de tono, sexualmente explícito, y para mucha gente es algo grosero. Entrón es un hombre sexualmente activo y sin tabúes, es decir, que le gusta el sexo y tiene pocos límites.
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