Cuando escucho la frase sobre el derecho
a decidir me vienen a la cabeza los temas del embarazo, la opción del
aborto o el uso de los anticonceptivos. Pero es poco probable que en primera
instancia recuerde algún debate moral sobre el derecho a decidir entre hombres,
porque cómo no, si los hombres tenemos un derecho suscrito y personal sobre
todas las cosas. O eso es lo que en el mundo comandado por machos estamos
acostumbrados a creer. Pero luego viene la cuestión gay, y es ahí donde
pensando bien las cosas me encuentro con un muro. Sí, este muro podría ser
irónico, superficial y además ilusorio. Me refiero al derecho a decidir con
quién me acuesto según mis estándares de atractivo, necesidades físicas y pretensiones
sociales. ¡Qué va! Sólo haberlo escrito me ha hecho sentir un homosexual
frustrado, una diva…
Pensé en el derecho gay a decidir tras haberme cansado del debate
repetitivo que encuentro en los foros y grupos de las redes sociales en las que
algún chico molesto se pregunta por qué algunos hombres rechazan a otros, y por
qué existen esos hombres que se dan el derecho de pavonear el cuerpo como si
fueran adonis intocables e inaccesibles. Esto es cierto, lo vemos seguido en el
mundillo gay. Nunca falta el chico que es dolorosamente atractivo y que ve a los
otros como seres inferiores. Pero este mismo mundillo es hipócrita y también ridículo:
también están los especímenes gays que calificamos como chicos promedio con un
atractivo ínfimo, pero eso sí, con autoestima empoderada, inflada con helio y
que por tanto presumen de una belleza envidiable y con carácter de diva que
sólo ellos mismos pueden ver frente al espejo.
Son esta clase de chicos los que suelen desatar el debate sobre el
derecho a elegir. Mi pregunta no es si está mal lo que una diva hace, a fin de
cuentas cada quien se pone sus propios obstáculos en la vida y ligar o no es
cuestión de cómo nos desenvolvamos en el ambiente. Si nos creemos infinitamente
inalcanzables y vemos a todos con desdén, es probable que nuestra mella será
nunca estar conformes con quien se enamora de nosotros, y según el karma que
nos toque, quizá conozcamos a alguien igual de atractivo que al conocernos nos
considerara indigno de su cuerpo.
Lo que deseo saber es si en verdad está tan mal darnos el lujo de
decidir con quién nos acostamos. Cuando voy a sitios de ligue siempre es fácil detectar
a las divas, a los relajados y a los chicos fáciles. Son más los últimos que
los primeros, y quienes quedan en medio, creo yo, son aquellos que viven a
gusto con su físico y con el de los otros y que más allá de darse el lujo de
decidir si son dignos o no de otros hombres, ligan con paciencia y se aventuran
a conocer bien sus defectos y sus virtudes físicas para sacarles provecho. La
gente de aire relajado es para mi gusto la más atractiva y con la que coges con
éxito y satisfacción.
Por el contrario, los chicos diva sienten que sus cuerpos deben ser
idolatrados durante el acto sexual y son reacios a devolver el mismo placer.
Y están aquellos que jamás se cuestionan sobre conceptos de atractivo.
Lo que desean es coger y su fijación es el acto sexual. Son los que en Grindr o
en alguna página de clasificados escriben de forma directa que no les importa
el físico, la edad o la condición social. No los llamo “fáciles” refiriéndome a
la promiscuidad, sino a su desenvolvimiento en el ligue homosexual. Para ellos
es más fácil tener encuentros sexuales, pues no se ponen baches al elegir. Si
todos fuéramos como ellos sin duda podríamos considerarnos una comunidad sin
diferencias.
Pero el mundo es otro muy diferente. Y en éste, no puedo negar que me
resulta difícil acostarme con cualquiera. Por lo general no cojo con el primero
que tengo de frente y sería hipócrita si dijera que no me es importante el físico.
Me explicaré de forma sencilla para no pasar por una diva: me gusta elegir no
por el concepto de belleza suprema y perfecta. Me gusta elegir con quien cojo
por algún detalle que me guste en él, quizá su cara, quizá su culo, quizá su
personalidad. No buscaría nunca coger con un chico modelo, no por sentirme
inferior sino porque la perfección puede ser efímera. No soy de aquellos que se
fijan en los centímetros del pene o en lo duro del culo. Pero sí soy de los que
creen tener el derecho a elegir quién me resulta atractivo para un encuentro
sexual y quién no, así como sé que en esta regla estoy indudablemente bajo la
lupa de quienes me puedan considerar atractivo, promedio o desagradable. Ese es
el juego.
En perspectiva, solamente veo la importancia de la relación entre albedrío
con la satisfacción. Mi gozo es resultado de mi elección. No tendría relaciones
con alguien con quien no encuentro química física sencillamente porque sé que
no lo disfrutaría. Y al mismo tiempo, sé que el que un chico que me guste
demasiado no garantizará que el orgasmo sea el mejor de mi vida. Puede que
nuestro encuentro sea un fracaso. Créanme, me ha sucedido. Y no dudo que al
chico modelo le haya ocurrido lo mismo con alguno de sus ligues.
La meta es coger, sí. Pero cada uno pone sus reglas. Y ése es nuestro
derecho. Como al ir a pedir trabajo, en algunos serás requerido por tu
potencial, y en otros serás desechado porque te ha faltado algo. ¿Y qué? ¿Por
qué hacer un drama? En serio, hay chicos que desgastan
una energía tremenda maldiciendo y juzgando a todos aquellos que parecen darse
el lujo de elegir. ¿No será que en el fondo hay sentimientos de rechazo o egoísmo
que motivan tanta crítica? Tan fácil que es pasar de largo de aquellos que te
dicen no para encontrar a alguien que se interese por gusto y no por obligación
en tu persona.
En conclusión, tanto los chicos con humor de divas como aquellos con
sentimiento de “si lo que quieres es verga ¿para qué te fijas en la cara?”
tendrían que reconsiderar hasta qué límite el físico rige sus relaciones
sexuales. Lo ideal sería estar siempre en la media.

Eso es cierto. Aa mí la edad y la condición social ya ves tú pero el físico a mi también me importa porque si el tío no me gusta evidentemente no lo voy disfrutar. Creo que todos tenemos derecho a decir que no porque de lo contrario estaríamos hablando de una "cultura de la violación" en la se nos obliga a acostarnos con todos los tíos que nos entran. A mí en Grindr me entran un montón de tíos al día cada vez que me conecto y huelga decir que me es materialmente imposible acostarme con todos. En un esfuerzo por contentar a todos lo expliqué en el perfil por qué no siempre contestaba a los mensajes y aún así había gente a la que le parecía mal tal explicación. Finalmente decidí que no merecía la pena preocuparse de que los demás no entiendan que uno posee libertad sexual y dejar el ansia infantil de caerle bien a todo el mundo.
ResponderEliminar